Saber recibir; pilar fundamental de la abundancia.

Human Empty Hand, Outdoor

 

¿Por qué a algunas personas nos cuesta trabajo recibir?

Y no me refiero a recibir algo material necesariamente, puede ser también a recibir un abrazo, un elogio, apoyo o cualquier muestra de atención o cariño.

La respuesta está en aquello que asocias con el “recibir”. No lo pienses mucho; observa las palabras, las imágenes, las ideas que surgen cuando mencionas la palabra “RECIBIR”.

Algunos podemos asociarla con control: Cuando en nuestra infancia o aun siendo adultos, la o las personas de quienes recibíamos nos condicionaban o controlaban por medio de lo que daban. Ahí se instaló una asociación que representa vulnerabilidad ante el control que pudiera ejercer otra persona sobre mí, utilizando el dar como herramienta para llevarlo a cabo.

Hablando de vulnerabilidad, existen también los casos en que recibir nos coloca, por experiencias pasadas, en un lugar de deudor. Si quien nos proveía de lo necesario, nos manifestaba una cuestión de jerarquía y cuenta por pagar, iremos por la vida pensando que aquella persona que me da, más tarde cobrará lo que me dio. Se forma dentro de nosotros una idea de estar comprometidos a devolver el favor, olvidándonos de que el que da lo hace o debería hacerlo por el placer de dar sin esperar más tarde hacer un cobro, y que la intensión es responsabilidad de quien da. Aquí es cuando asociamos el recibir con compromiso.

Cuando existe una incomodidad al recibir y nos preguntamos ¿Qué he hecho yo para obtenerlo? Es entonces una cuestión de baja autoestima y por tanto una creencia de no merecimiento. Generalmente sucede por una educación que nos formó bajo la premisa de sólo si te portas bien o cuando haces algo bueno tendrás un premio, llevándonos a forjar una creencia de valer o merecer en base a lo que hacemos y o a lo que somos. 

Cerrarnos a recibir o recibir con esa sensación incómoda, crea una barrera ante todas las maravillas que pudiéramos estar obteniendo del Universo, cerramos posibilidades para lograr tener lo que en el fondo queremos y merecemos. Surge una incongruencia dentro de nosotros mismos que no actúa a nuestro favor a nivel energético, porque por un lado queremos, pero por otro no nos gusta o no sabemos recibir.

Es necesario abrir las manos y pese a nuestras experiencias pasadas, actualizarnos y saber que todo aquello que haya sucedido en relación al dar y recibir es sólo una parte de la historia.

“En mi presente puedo abrirme sin miedo a recibir todo lo bueno que el Universo tenga para mí, porque está bien, estoy a salvo y lo merezco”. Abrirme a recibir es abrir un canal por el cual puedo ser provisto(a) de muchas bendiciones.

Kenny Pineda.

 

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Compatir

Dar y recibir
Dame lo que quieras darme de corazón, aquello que tenga más que ver con la satisfacción de entregar, que con la satisfacción de recibir o cobrar… 
Dame lo que quieres, pero dámelo con amor… no incondicional, no sin reciprocidad, pero sí con esa sensación de compartir y no de despojarte, no quiero tampoco cheques en blanco, ni que intentes comprar mi simpatía, atención, cariño o agradecimiento, porque no tienen precio… No quiero reproches ni adquirir un sentimiento de culpa por lo que das si tú decides darlo…
Si bien es cierto que me gusta recibir, muchas veces no sé cómo hacerlo porque pienso en la recompensa que tendré que entregar por un favor que no pedí o por el deseo que alguien más quiso cumplir… y mi objetivo es romper con este esquema que me limita y le quita esmero a quien me ofrece o me sorprende.
No intentes lavar culpas con el agua sucia del “te doy para aminorar este sentimiento incómodo”, no me des para compensar tu ausencia, tu indiferencia o para invisibilizar los errores.
Dame por dar, por verme sonreír, por sonreír conmigo, porque me lo merezco, y no pases la factura después.
Pero sobre todo, dame de tu amor, de tu cariño, de tu tiempo, tu apoyo, tu empatía… 
Si me conoces, sabes que las cosas más valiosas para mí son los momentos compartidos; una taza de café, una buena conversación, una sesión de risas, un paseo, un abrazo, una carta, una llamada, cantar una canción, un detalle que aunque parezca pequeño, para mí es gigante…
Compárteme de ti… ¡Ese es mi mejor regalo!
Kenny Pineda.

 

El monstruo del apego va disfrazado de amor.

 

mascara

 

Urge desenmascarar al monstruo del apego, va por ahí disfrazado de amor causando sufrimiento. Va por ahí aletargando consciencias con una dulce loción efímera que termina por apestar vidas.  Va y viene infectando heridas del pasado, heridas profundas que no hemos sanado.

Usa máscara de afecto y capa de héroe, va repitiendo que no eres suficiente, pero te promete que él lo arreglará. Si te encuentra, seguro te acaricia y luego, te muestra los colmillos, y ruge, ruge fuerte hasta hacerte temblar de miedo, te susurra al oído que su nombre es “Amor” y te exige que le alimentes, pero no tiene hartazgo, después, te clava un puñal por la espalda y al verte agonizar, retoma la estrategia y te abraza.

No le creas, no es “El Amor”, es el monstruo del “Apego” al que nunca nada le mantiene satisfecho… ni el placer ni el sufrimiento, siempre pide más. Lleva con él un morral, dentro hay un frasco con etiqueta de “Píldoras de felicidad”; no es más que droga comprimida con sabor a azúcar, te entretiene con una de ellas por un rato, hasta que ruegues por tu siguiente dosis, dispuesto o dispuesta a lo que sea por obtenerla.

Con su sonrisa seductora te convence de que te quedes un poquito más, te muestra todas las razones por las cuáles no es posible dejarle, te maquilla de culpa, de impotencia, de ineptitud y te para frente al espejo, donde no puedes ya reconocerte.

Se acuesta a tu ladito en el asfalto, te conduce a recordar el pasado, sobre todo esas partes lastimosas de él, te lleva a imaginar el futuro, sobre todo el futuro catastrófico, te expone fantasías terribles, panoramas oscuros si te alejaras, saca un mapa de su morral que más que un mapa parece un laberinto cuyo destino es algo o alguien más que no eres tú.

El apego es un monstruo fuerte pero no invencible. Se esfuerza por hacerse pasar por el amor y llega a engañar a varios, pero por más que intente ser lo que une, siempre, siempre, será lo que nos separe, sobre todo, de nosotros mismos.

Kenny Pineda.