Evita resisitirte a tu evolución

guerrera

Dios, la Vida, el Universo, no arrebatan cosas importantes para tu crecimiento y desarrollo, porque la evolución es una nuestras maravillosas tareas en  este plano terrenal.

Me gusta pensar que Dios, la Vida, el Universo nos liberan de batallas innecesarias para que nuestra energía se enfoque en aquellas de mayor prioridad, en aquellas dónde el área de oportunidad al desarrollo humano y al crecimiento espiritual es mayor.

Solemos aferrarnos a exhaustas batallas durante un largo tiempo, a veces las sometemos y nuestro ego sale vencedor, pero hemos perdido de un tiempo irreemplazable para atender asuntos de vital importancia y con un amplio campo de trabajo para con nosotros mismos. A veces perdemos esas batallas después de varios días de agotamiento físico, mental y sobre todo emocional y nos damos cuenta que paralelamente hemos perdido también un tiempo precioso para pelear una batalla de verdadero valor.

Considera que una batalla que es retirada de tu vida, alejando a una persona, perdiendo algo material, físico, al ser despedido de un trabajo, u otro tipo de cosas dolorosas, es para tu mayor bien y para redirigir tu atención y energía en tus áreas de oportunidad, eso nos brinda no sólo motivación sino oportunidades infinitas que no estamos dejando entrar a nuestras vidas por estar permanentemente en la puerta,  sin cerrar un ciclo que ya concluyó y resistiéndonos a la transformación.

Selecciona las batallas a pelear haciendo un ejercicio de introspección y honestidad, evita resistirte a tu propia evolución.

Kenny Pineda

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La Vida: Nuestra escalera

escalera de la vida

Mi Vida es mi Escalera personal. Para pasar en el siguiente escalón, debo estar en éste.

Todo es gradual y en ascendencia… Debo ver hacia arriba si es que quiero subir.

No conseguiré avanzar si mi mirada y atención está puesta en la escalera del otro.

Cada peldaño fortalece mis músculos, mis pies y piernas que son los que me sostienen. Cada peldaño fortalecen mi espíritu y me hacen perseverante.

Me anima ver un nivel al que quiero llegar, sin embargo, sé que no es posible saltar hasta ahí, que debo pasar por varios escalones más y entonces mi entusiasmo crece y disfruto cada movimiento requerido para llegar al nivel que me motivó.

Si no veo y vivo con amor mi propia escalera, seguramente me quedaré estancado.

Si deseo la escalera de alguien más es envidia.

Si rechazo mi escalera y pienso en saltar, sería un suicidio.

Si quiero llegar mágicamente a un nivel más alto, se llamaría no esforzarse ni merecer.

Si escucho a quienes me gritan que no podré subir, el ruido me distraerá y no avanzaré.

Si volteo constantemente hacia los peldaños por los que ya pasé, me marearé y caeré en ellos otra vez, para volver a empezar pero con mucho más dolor y sentimiento de culpa.

Si intento subir corriendo, me cansaré pronto, no disfrutaré y corro el riego de tropezar, lo que significa que de todas formas tendré que esperar un poco para recuperarme y decidir subir con más calma.

Si busco siempre sostenerme del barandal, en el momento en que éste ya no esté, creeré que no puedo continuar y difícilmente seguiré.

Si respiro con calidad, la energía se mantendrá.

Si me canso puedo decidir sentarme y descansar un momento, sin embargo si me acuesto corro el riesgo de quedarme dormido ahí.

Si subo con voluntad, decisión y convicción, llegaré hasta donde yo me proponga llegar.

Si me encuentro alto y hago alarde para hacer menos a quienes no están al mismo nivel, seguramente perderé el equilibrio y caeré hasta acabar dónde comencé.

Kenny Pineda.