Distintas caras, distintas historias, pero el mismo patrón. 

patrones

 

 

Si nos encontramos repitiendo un mismo patrón a pesar de saber que hemos trabajado en ello, muy probablemente es que la creencia limitante que lo sustenta siga ahí y no haya sido arrancada de raíz y sustituida por una creencia potenciadora.

Esa creencia sigue brindándonos una sensación o estado de, seguridad y/o placer que nos mantiene resguardados de algo que consideramos peligroso. Hay ganancias aun significativas en preservar esa creencia.

Mientras no seamos capaces de renunciar y soltar esa fuente externa de protección, seguiremos viviendo una experiencia similar a la anterior. Sin embargo, el expresar y auto-reprocharnos que tanto trabajo personal no ha servido de nada, es una mentira que decidimos contarnos para victimizarnos y no hacernos responsables, es una visión nada objetiva, ya que, aunque la experiencia sea parecida, nunca será la misma.

En la experiencia anterior aprendimos algo y modificamos. Hay ciertas cosas que ya no son iguales y por eso, la experiencia no puede ser -“otra vez lo mismo”-.

En esta experiencia similar, habremos de aprender una nueva cosa que hará que la siguiente sea diferente, aunque parecida.

Así, vamos avanzando en nuestro camino de progreso, a veces a pasos agigantados, otras tantas a paso de gallo- gallina, pero es imposible que siempre estemos en las mismas condiciones.

Claro, el trabajo personal nunca cesa, cuando creemos tener un tanto resuelto, aparece una nueva cosa que trabajar, pero uno decide si lo ve como una carga pesada o si lo vive como un nuevo experimento en esta hermosa aventura que es Vivir.  

Kenny Pineda.

 

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Niño interior

niño interior

Aún después de los años, de los cuerpos de adultos con los cuales nos transportamos, reside dentro el niño que fuimos, que seguimos siendo. Un niño con experiencias que marcan el resto de nuestras vidas, un niño que sigue manifestándose en el día a día disfrazado de adulto consciente, sin embargo en la parte de la psique, en el subconsciente, vive él pidiendo ser atendido, escuchado, protegido, amado.

Según nuestra historia personal, éste puede ser un niño satisfecho o insatisfecho, en caso de la segunda opción, este pequeño quiere resolver algo que no pudo resolver a su corta edad, por eso pide resolverlo hoy mediante nuestras acciones de adulto. Él sabe que puede valerse de nosotros porque “ya somos grandes”, que podemos ayudarle”, mas como todo niño al no ser atendido por peticiones serenas, comienza a hacer algarabía; llora, grita, actúa impulsiva o instintivamente, hace berrinche y exige el control. Control que muchas veces consigue sin poder asumir las consecuencias por ser un infante y éstas, entonces, quedan a cargo del “adulto” que somos.

Por dar un ejemplo…
Una persona de 30 años entra en desacuerdo con su pareja por llegar horas después de la cita establecida. Éste adulto de 30 años, en vez de esperar y cuestionar para llegar a la comprensión del hecho, deja salir gradualmente al niño interno que constantemente se sintió desatendido o abandonado… el adulto deja de ser adulto para revivir al niño herido… Llora, siente un terrible miedo de ser abandonado o de experimentar el desinterés o la indiferencia una vez más. Este niño toma el control, omite al adulto con capacidad de pensar que quizá hubo un imprevisto que está causando dicha situación, el adulto no piensa, sólo siente en base de las heridas del ayer, resucita los temores adquiridos en la infancia. Cuando la pareja llega, éste reclama, le hace responsable de su miedo y dolor, le reprocha sin darle oportunidad al otro de explicarle que entró de último momento a una junta necesaria dejándolo incomunicado, que no fue su intención hacerle pasar un mal rato. Sin embargo el pequeño en acción no escucha, sólo vive sus emociones antiguas y de ahí parten una serie de hechos desafortunados que pudieron evitarse actuando de una forma consciente, regulando sus emociones tras conocerlas y valorarlas.

Al siguiente día, cuando el pequeño ya se ha quedado dormido, el adulto carga con las consecuencias de las acciones del niño que tomó el mando y viene el sentimiento de confusión, culpa, remordimiento, puede ver que el hecho no ameritaba tal resultado. No entiende por qué se rebasó un límite que no debía, en el mejor de los casos lo reconoce y se disculpa para dialogar, pero en el peor de los casos se mantiene en la postura de rencor y enojo, que hacen que el pequeño se empodere y tome las riendas de la vida del adulto de manera constante o permanente.

De ese niño sólo podemos ser responsables nosotros mismos.

Si ese adulto conoce cuales son las heridas de su niño interno, sabrá también cuáles son sus reacciones, y entonces podrá orientarlo hacia una respuesta más correcta, una respuesta adecuada y benéfica. Es como decirle a nuestro hijo: -“Ya te escuché, pero no es momento, ni la conducta que tratas de utilizar es la más adecuada…” –“Tranquilo, te entiendo, estoy aquí para protegerte, para amarte.”-

Generalmente llevamos dentro un niño con necesidades no satisfechas y de entre nuestras acciones como adultos sale de vez en cuando ese niño a querer resolver los pendientes. De ahí la importancia de conocernos, de reconocer al niño que quiere “reaccionar”. No debemos ignorarlo, es mejor atenderle, escucharlo, ayudarle como adulto a responder frente a las nuevas circunstancias, abrazarlo con amor y entendimiento para tener una mejor calidad de vida, y que las experiencias pasadas no definan nuestro destino.

Infancia es tendencia, mas no sentencia.

Abraza a tu niño y ayúdale a remediar sus conflictos, todos los niños merecen ser amados y asistidos.

¡Tú, no sólo eres el adulto, eres el pequeñito en proceso de gestación, momento de alumbramiento, meses, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… años que sigue viviendo dentro de ti!

Un beso y un abrazo con amor para TU NIÑO INTERIOR.

Kenny Pineda.